El amor por los caballos



La equitación ha llegado a considerarse como un arte, ya que encierra un encanto, una belleza de fuerza y destreza entre caballo y jinete; pero para lograr esto debe pasar mucho tiempo, horas y horas de entrenamiento y disciplina. 

La relación que existe entre ambos es única, se complementan, se comunican, son uno mismo, conocen a la perfección los movimientos del uno para con el otro. Luego se concentran, recorren la pista, miden espacios, saltan los obstáculos y cuando llegan a sus objetivos saborean de igual manera el triunfo.  

Ser jinete y amar a los caballos se lleva en el corazón, es tener respeto por ellos cuando se adquiere el compromiso por criarlos y cuidarlos, para después estar orgullosos al verlos lucirse en una exposición, en una competencia o en una simple cabalgata mostrando toda su majestuosidad, provocando un cúmulo de emociones que hace que palpite más rápido el corazón y se llegue a perder el aliento.

Los caballos son amigos, cómplices y hasta confidentes, practicar un deporte con ellos nos pueden enseñar constancia y disciplina, cualidades que permiten abrir puertas por más cerradas que estas parezcan.

A lo largo de la historia los caballos han estado muy presentes, por ejemplo, el caballo blanco posee un significado especial para algunas culturas, se les ha conferido propiedades fantásticas como parte de algunos mitos y otros los han considerado como animales sagrados.    

Los caballos deben tener cuidados básicos, lo principal es el aseo diario, ya que pasan la mayor parte del tiempo en las caballerizas. Es importante cuidar su pelo para que brille y esté sano, además de cepillarlo y también esquilarlo para evitar que pase demasiado calor.

Estos animales requieren ingerir grandes cantidades de agua fresca y limpia, cada día beben entre 25 y 55 litros; así como una alimentación adecuada, suelen comer dos o tres veces al día, su dieta se compone de alimentos básicos como forraje, es decir, heno, alfalfa, paja o pasto, también comen avena y sorprendentemente necesitan tomar sal en bloques o mezclada con el heno para beneficiarse de sus nutrientes, pues ésta equilibra sus electrolitos.

Asimismo, desde que nacen, deben pasar revisiones veterinarias periódicas para cerciorarnos de que todo está bien. Un aspecto muy importante es su salud bucodental, que ha de revisarse, al menos, una vez al año. Además de recibir los tratamientos antiparasitarios pertinentes y también sus vacunas.

Los caballos tienen muchas peculiaridades, por ejemplo, no les gusta estar solos, si pasan mucho tiempo sin compañía alguna es posible que desarrollen problemas mentales o de comportamiento. 

Su campo visual es muy amplio, tienen vista panorámica, poseen visión monocular y binocular, es decir que pueden ver cosas distintas con cada ojo al mismo tiempo y aunque parezca raro, con su visión binocular, ver a partir de su nariz y hacia abajo.

Son muy sensibles a los olores y gracias a esto pueden utilizar este sentido en multitud de situaciones, como para buscar agua o reconocer amigos, enemigos u objetos.

Otra de las curiosidades, es que un potro es capaz de ponerse de pie a las pocas horas de nacer, adquiriendo la suficiente coordinación en sus extremidades para poder correr y huir si está en peligro, y también se dice que las orejas de los equinos expresan su estado de ánimo.

Lo cierto es que los caballos son seres maravillosos que están en este mundo para invitarnos a que lo cabalguemos juntos, y después de ser un apoyo en las labores del campo o un medio de transporte vinieron a convertirse en un compañero de contienda y un gran amigo. 


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